La oscuridad total que reinaba era cálida, envolvente. No había viento, ni siquiera una leve briza, que perjudicara la sensación de no movimiento, de protección, de infinito.
De pronto, un punto luminoso en la lejanía. Una luz fría, cada vez más grande, que rápidamente se acercaba en linea recta.
De pronto, la luz encima, trayendo frío, viento, dolor, una sensación de peligro, pánico, y terror. Con ella, un golpe… y un grito, de dolor insoportable, el de él.
Intentó moverse, pero no lo dejaron. Nadie lo detenía. Su propio cuerpo, sus miembros, destrozados por el accidente y bañados en su sangre, no respondían. Abrió los ojos, pero no vió lo que deseaba, sino figuras vagas, enrojecidas en la penumbra sanguínea. Sus ojos, su cara, sus labios, estaban rojos, debido a la juvenil sangre que por su nariz, por su boca y por las heridas, salía.
Comenzó a sentir. Diferentes sensaciones, incluso opuestas, llegaban de todas partes de su cuerpo hacia su golpeado cerebro: calor infernal, frío polar, presión infinita, y hormigeo bajo la piel. Además, una sensación de dolor general y difuso, generaba un malestar interno, un sentimiento de dolor espiritual.
Su grito volvió a golpear paredes y oídos. Un grito de dolor, de desesperación, de impotencia.
Dejó de sentir. Ya nada le dolía, pero no podía moverse. Sintió tranquilidad, y tuvo un momento para pensar.
Vaya sueño….esto no es cierto…..a mi no……Yo conducía bien…..nada rápido pero ibamos felices…..sí felices……….Yo y Anelice..sí..mi Anelice………..¿Y eso? …………sangre…olor a sangre…¿de quién será?………..porque esto es un sueño…
El dolor comenzó a volver, pero no gritó. De sus rojos ojos, una lágrima salió. Una lágrima oscura envuelta en pena, en dolor, en sangre.










[...] y asesinatos. Claros ejemplos de ellos son “Indefinido”, “Crack!!!” y “Rojas lágrimas de oscuridad”, sólo por nombras cuentos publicados en este blog (varios otros están por ser publicados aún). [...]