Una Noche

febrero 25, 2006
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Desde aquí se domina la ciudad. La noche es fría, y las luces le dan un aspecto más helado aún, impasible, como el de una fotografía indiferente, estática. Algunas son blancas, otras amarillas, y hay unas pocas rojas y azules. Están desordenadas, como puede estarlo un pueblo que creció sin un plan, sin embargo, principalmente las amarillas, forman ordenadas figuras lineales, dibujando calles grandes y transitadas. Desde aquí casi no se oyen ruidos, sólo la soledad y el viento que golpea en los arbustos y en mi oreja, que me mantiene despierto, que me recuerda que estoy vivo, no como la ciudad deshumanizada de allá abajo, muerta hace tiempo, sin brisa que la reviva.
La piedra sobre la que estoy sentado me esta molestando, pero me quedo así, sin recoger la frazada en el suelo junto a mi para ponerla debajo. Me cierro más el abrigo para evitar el viento y miro al cielo. Está despejado, mostrando sus infinitas joyas, que tiritan como si tuvieran frío, o miedo. Recuerdo a mi viejo, hace tiempo, cuando me enseñó a reconocer algunos grupos de estrellas durante un fin de semana de campamento.
-¿Ves?, hijo. Esas tres que se ven ahí, ¿las ves? (yo tenía doce o trece años), esas son “las tres marías”. Corresponden al “cinturón de Orión”, porque forman parte de un cazador que se dibuja con esas otras estrellas, ¿ves?
También veo la “Cruz del sur” y Venus. Parecen otras luces, de una gran ciudad en el cielo, con la diferencia que ellas están vivas, y las de acá abajo no.
*****
El vaso chorrea agua. La cerveza está tan helada que condensó humedad y esta resbalando en pequeñas gotas hasta la madera café del bar. Con un dedo pillo la gota antes que toque la mesa y desaparezca en el charquito formado. Juego con ella hasta que se seca.
El bar donde me encuentro es nuevo, mejor dicho, es la primera vez que entro en él. Andaba vagando por el sector, sin nada que hacer, hastiado por varias cosas, cuando pasé por el frente. Se notaba decente y confortable, y los precios eran razonables, por lo que decidí entrar.
El barman, si se le puede llamar así al guatón que lo atiende, con la camisa afuera, las mangas arremangadas y sin corbata, continúa observándome mientras seca unos vasos. Parece que quiere conversar, pero yo no le he dado el paso, evitando mirarlo. Tal vez soy el único que ha entrado en la tarde, aunque tal vez no, por los vasos recién lavados. No estaría con esa ropa si fuera así, porque está fuera de lugar. Todo el local tiene una atmósfera especial, como un conjunto que viene, cada pieza en su lugar, Sólo el tipo éste se sale del cuadro.
Afuera esta comenzando a oscurecer y hace frío. Algunos autos pasan por la calle, y varias personas lo hacen frente al bar, mirando por las ventanas. Miro el reloj. Son las siete hora de cierre de las oficinas. Es momento que comiencen a aparecer los parroquianos habituales, los clientes conocidos, amigos. Fijo la vista en el tipo. También esta mirando su reloj. Sonrío.
Ahí, en la muralla del fondo hay un televisor apagado. De seguro lo encienden en la noche, y para los partidos de fútbol, el bar se llena.
Aburrido con las gotas del vaso, las borro al pasar la mano completa por él.
*****
Algo se movió ahí atrás, entre unos matorrales. Posiblemente fue un conejo o un ratón, porque estoy solo. Últimamente no he andado con nadie, y tampoco invité a alguien hasta acá arriba. Allá abajo deben estar mis amigos, divirtiéndose y pasándolo bien. Debe estar Susana con ellos. Es mi novia, con la que tal vez termine mañana. A lo mejor envío a todos al infierno mañana. Realmente estoy mejor acá arriba, solo.
En mi bolsillo tengo la cajetilla de cigarrillos. Saco uno de ella y lo enciendo. Aspiro hondo. El humo logra calmarme y me tranquilizo. En la oscuridad veo el cigarrillo y su luz roja incandescente. Sin saber por qué, lo apago contra la piedra. Sinceramente, sé por qué lo apagué. Para terminar con todo, para cortar con el pasado que me agobia. Y el cigarrillo representa ese pasado, esos recuerdos con mis amigos, si se les puede llamar así. Ellos y el cigarrillo, ellos y el alcohol son dos relaciones que debo desechar.
Algo continua dando vueltas en mi cabeza, algo que me molesta terriblemente. Y es que no sólo el pasado es lo que me molesta, sino también el futuro…y el maldito presente. Principalmente la imposibilidad de cambiar el presente de un momento a otro, el que siempre haya algo que te detiene, que te impone restricciones, cadenas. Algo que te impide respirar tranquilo y donde quieras. Si no es una restricción económica es una física, si no, una legal o moral. Restricciones, restricciones, restricciones, las malditas restricciones.
*****
Otro tipo acaba de entrar al bar. Es más joven que el guatón, y por supuesto, más flaco. Éste sí tiene la pinta de barman, con su chaqueta corta y negra, su camisa blanca y su corbata de humita. Saluda al gordo y desaparece por la puerta café que esta en la muralla detrás del guatón. Mientras, él sigue secando vasos.
La cerveza se esta acabando. Hoy no he comido nada asi que la cerveza esta haciendo su efecto. Mi cabeza da vueltas, las ideas, las mismas de siempre, giran y chocan entre ellas más rápido. La universidad, mis viejos allá en Viña, el departamento vacío y helado, el parte idiota que me sacaron, la adultez que se viene.
Hecho de menos a mis viejos. Con ellos conversaba, me reía, y principalmente, me amaban. Hace dos meses que no los veo, y la cabeza me está por reventar. Tengo todo lo necesario: un departamento para mi, incluso a mi nombre, pero solitario y frío; un buen auto, mío también; plata que me dejaron mis viejos; tiempo para descansar, para vivir, para lo que quiera; pero así y todo, estoy cansado, agotado. mandaría todo a buena parte. Lo único que necesito, obviamente porque no lo tengo, es felicidad.
El parte estúpido me lo pasaron ayer viernes -si pudiera olvidar ese día lo haría-, y fue por dejar a una amiga. Me detuve, hablamos un par de palabras, nos despedimos, ella se bajó y se fue. Todo ocurrió en un par de minutos, durante los cuales tuve las luces intermitentes encendidas. Pero no sirvieron. Diez metros más allá, un “amable señor carabinero” me planta la infracción. Por detenerme donde había señalización que decía “No Estacionarse ni Detenerse”. Y nada funcionó para que no me cursara el parte. Es que, también, a quién se le ocurre detenerse en medio de Providencia un viernes en la tarde. Obviamente, a ella no le he dicho nada, porque si no se va a sentir mal. Así es la vida. Idiota.
Saco la billetera del bolsillo trasero de mi pantalón y juego con ella. La reviso y ordeno. Cuanto papel inútil, teléfonos, tarjetas.
*****
La luna no va a salir hoy. Por eso está tan oscuro. Bueno, no tanto, porque las malditas luces de la ciudad iluminan hasta acá. Cuanto daría por volar una central y hacer que todo se apagara, lentamente, sector por sector, hasta que la ciudad completa desapareciera, muriera envuelta en la dulce oscuridad. Es cuando envidio a los terroristas.
Hoy sábado es día de luna nueva. Tengo que aprovechar este momento de soledad hasta la próxima semana. Mañana es domingo y hoy puedo no dormir. De todas formas, cuando vengo aquí, por lo general no duermo. Me quedo despierto mirando la ciudad, pensando, meditando la vida -la gran vida- que llevo a cuestas. Si pudiera dejarla a un lado y no llevar tanto equipaje. También espero el amanecer. Ese aparece por el este, lentamente, aclarando todo, primero celeste, rosado, luego amarillo. Como amo la naturaleza. De ella vienen todas la bellezas de esta tierra. Incluso a las mujeres, aunque nunca lo haya dicho a una, ni siquiera a la Susana.
Llevo un año con la Susana y ahora último no sé si realmente la quiero. Lo peor es que parece que ella sí me quiere, y no quiero defraudarla. Ambos estamos algo viejos para buscar nuevas parejas – yo tengo veintisiete años- ,pero no creo que pueda continuar con una mentira, viviéndola. Prefiero cortar el problema de raíz. Y no creo que para ella sea difícil encontrar a otro, porque es bastante linda, simpática e inteligente. Por mi parte, me da lo mismo tener una pareja. Me siento, y siempre ha sido así, solo. Desde que estaba en el colegio, hace años, pasaba sin compañía alguna por mi propio deseo. Por eso tengo tan pocos amigos. Creo poder hacer amigos fácilmente, pero no me ha interesado establecer nuevos lazos amistosos. El deseo de libertad me hizo dejar la casa al salir del colegio, a vivir solo. Es por eso también que mis relaciones han sido cortas, nunca más de seis meses. Me sorprende que la relación con Susana haya durado tanto tiempo. Tal vez fue porque ella ha puesto más de su parte que yo, tal vez porque nos llevamos bien fuera y dentro de la cama, tal vez por tantas cosas. Y eso me agotó.
*****
El barman, el que es realmente barman, el flaco, me puso una nueva cerveza adelante. Ni siquiera me fijé cuando se la pedí, pero no importa. Parece que voy a estar bastante más rato aquí. Prefiero esto a llegar al departamento.
Tengo la foto de la Claudia en la mano, la del parte, que acabo de encontrar en la billetera. Es la que me dio el año pasado, cuando entró a la U. Se ve mejor ahora que en la fotografía blanco-negro. Es linda, y me gusto desde el primer día, pero…pero…¿pero qué?. Pero no ha ocurrido nada. Lo peor es que no sé si por mi culpa o no. Me encantaría pololear con ella, pero no sé que sacaría con ello. Puede ser que no echaría tanto de menos a mis viejos, o no me preocuparía tanto del futuro, sino que viviría más el presente -y lo disfrutaría-. Pero tal vez no, y sea peor para nuestra buena relación de amigos. Hay quienes dicen que las relaciones abiertas y amistosas entre un hombre y una mujer no existen, sin embargo, yo no aventuro una opinión. O quizás, ella no quiera nada conmigo. Tengo que preguntar en su curso. Efectivamente, como dice ella, mi vida son sólo peros y más peros.
Tengo que encontrar un trabajo. Tengo mucho tiempo libre sin usar, y tal vez es por eso que ando depresivo -¿Yo depresivo?¿Cuándo?-. O mejor será que me inscriba en un gimnasio y haga algo de deportes. En este último tiempo he estado flojo y he perdido el estado físico que traía del colegio. Incluso me han aparecido algunos rollitos, y cuándo he tenido rollos yo, ja. La cerveza está llegando nuevamente a la mitad, y ahora comenzó a hacer efecto el alcohol sobre mi vejiga. Necesito un baño. Será mejor que no tome más, sino quiero salir en cuatro patas.
Acaban de entrar dos tipos con cara de clientes, que se sentaron en una de las mesitas cuadradas. El barman los fue ha atender con una libretita en la mano. El guatón se arregló, se peinó, se puso una corbata y tiene la camisa adentro del pantalón ahora. Está sentado atrás de la caja.
*****
Debería bajar y terminar hoy, antes que termine la noche. Así, mañana va a ser un doble nuevo día: soltero en una vida nueva en un día nuevo. Debería cortar con mis amigos también, pero eso es más difícil. Nunca falta el que se las da de psicólogo y se acerca a preguntarte qué te pasa. Ahí sí que le pego.
Pero no voy a bajar. Es muy tarde y si bajo, de seguro que no salgo vivo. A lo menos, quedo en calzoncillos. Aquí arriba estoy seguro, porque ¿quién subiría a robar a un cerro al que nadie sube, y menos de noche?
Antes de ayer, me invitaron al cine. El Mario. Me dijo que fuéramos, que varios iban a ir a ver esa película. No recuerdo cuál, pero me dijo que la Susana también iba. Eso me molestó. La Susana ni siquiera me lo había comentado, y lo supe por otra persona. ¿No podía haberme dicho ella a mi que iba a ir al cine, y que si yo quería ir? No, seguro que no podía. Por eso no acepté la invitación y le dije que tenía mucho que hacer. Que debía buscar trabajo, que tenía que hacer algunas compras, que esto y que aquello. Igual no fue tanta mentira. Necesito juntar unos pesos por lo que estoy haciendo horas extras y pololitos. Para hacer unos cursos de perfeccionamiento, como les dicen por ahí. Quiero ser algo mejor, sobresalir. Y luego irme, viajar a algún país y hacer algo allá, partir de cero. O tal vez, viajar sin destino. Siempre he tenido ese sueño, el de viajar sin fin, sin un hogar fijo. Desde antes que murieran mis viejos, yo ya estaba pensando en virarme de aquí. Ellos fallecieron el año que salí del colegio, poco después que dejé la casa, y para estudiar en la universidad tuve que trabajar. Mi hermano mayor también, pero a él le fue mejor. Incluso se casó hace cinco años y vive bien. Hace casi seis meses que no lo veo. Su señora, mi cuñada, esperaba un hijo, creo que para el mes que viene. Es el segundo. Mi hermano ha tenido éxito en la vida: ya tuvo un hijo, ha plantado un árbol -y más, porque es ingeniero forestal-, y está por publicar un libro. Yo aún no logro nada.
*****
El baño es chico. Tiene un W.C. y un lavamanos. Afortunadamente, esta limpio. Me asombré cuando entré. Pensé que iba a estar hediondo, todo sucio y mojado, pero no. El baño también le va a lo decente del local, aunque no debía ser así necesariamente. Conozco lugares finísimos y refinados en donde los baños son lo peor, más que estadio.
Algo tiene de malo. No tiene donde secarse las manos, porque no hay ni papel higiénico. ¡El salvador papel! Sacudo las manos para sacar el máximo de agua y me las seco en los pantalones.
Abro la puerta y salgo. La manilla esta seca. Algo que no soporto es cuando está mojada. Afuera, el gordo sigue detrás de la caja. El flaco está dejando dos cervezas en la mesa de los tipos que entraron hace un rato.
Hay otro tipos en otra mesa, cerca de la ventana, que no estaban antes. Me miran cuando salgo, para luego continuar conversando.
Le pido la cuenta al gordo, y me pasa una boleta. Saco la billetera y le entrego la cantidad exacta. Tomo la boleta del bar y me voy.Abro la puerta , que no suena, y salgo a la calle. Hace frío. Me voy al departamento caminando. El frío no importa. En el departamento es peor, también es frío sentimental.

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