La Pesca (cont.)

marzo 25, 2008
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Esta entrada es parte 2 de 2 en la serie La Pesca

Para variar, Manuel fue el primero en sacar un pez. No habían pasado ni 10 minutos y con un poco de esfuerzo, tenía uno en la cesta. Lo que es el resto, nos costaba harto más e incluso había veces que nos íbamos con las manos vacías. Normalmente yo podía estar un par de horas esperando, así que me recosté en el bote, dejé la caña instalada en su soporte, me cubrí con el sombrero y me dispuse a descansar.

Probablemente habían pasado unos 30 o 40 minutos cuando me desperté. El Gordo estaba dormido a un lado, también Manuel y su hermano un poco más allá. En la cesta, sólo se veían dos peces, probablemente pescados por Manuel. El bote había estado a la deriva y se acercaba a una orilla, un sector donde normalmente no llegábamos a acampar. Un sector rocoso, con una pequeña playa de arena negra y rodeado de altos árboles que se mecían suavemente con el viento. Por qué llegamos ahí, no lo descubriríamos sino hasta más tarde.

Estábamos a poco más de 10 metros de orilla cuando Manuel, su hermano y el Gordo se despertaron. Miraron hacia todos lados, vieron la orilla acercarse y después, al verme despierto, me interrogaron con la mirada.
-No me miren a mi -dije levantando los hombros en señal de desconcierto-. Yo acabo de despertar hace 1 minuto.
Manuel, siempre atento a las cañas, se fijó en ellas.
-Gordo…y tu linea?
Gordo tomó su caña y giró el carrete. El hilo se levantó del agua, llegó a la orilla, cruzó la playa y se perdió en el bosque.

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