En la Estación: El Oyente

abril 10, 2009
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Esta entrada es parte 1 de 3 en la serie En la Estación

El ruido era insoportable, como un estadio lleno de gente, todos gritando y hablando al mismo tiempo. Sólo que sabía que muchas de esas conversaciones estaban sólo en su cabeza. Para un espectador, la imagen no tenía nada de extraordinario: una estación de trenes de alta velocidad, inundada por un mar humano debido al fin de semana largo. Muy pocos debían recordar que era lo que se celebraba, sin embargo, gran parte de las “conversaciones” estaban relacionadas con este tema. Viajes al hogar, el reencuentro con seres queridos, el descanso del ajetreo diario. Pero él no andaba buscando eso.

La primera ve que “oyó” los pensamientos, no supo reconocerlos como tal. Aún no se había desarrollado el BSD, el sistema por el cual podían realizar amnesias selectivas, razón por la cual mantenía vivo el recuerdo del balazo. Más bien, retenía en su cerebro humano el sonido de la bala entrando por su oído, y luego las imágenes aisladas durante la hospitalización. Cuando despertó, supo del implante de oído y del hemisferio cerebral izquierdo bioeléctrico. Recordaba algunos amigos que tenían piezas de ese tipo en extremidades y ojos, pero no conocía a nadie con un cerebro así. En contra de la opinión de los médicos y de su propia idea, la asimilación del cerebro bioeléctrico fue muy rápida y sin complicaciones. Casi podía decirse que nunca había recibido un balazo en la cabeza

Excepto por el pequeño detalle que fue apareciendo poco a poco. Al inicio sentía una pequeña interferencia en el pensamiento, pero a medida que le realizaron tests y pruebas, pudo ir escuchando con claridad el pensamiento de los doctores y enfermeras. Al acercarse lo oía más claro, como un torrente de palabras que incluso traían una que otra imagen. Los estudios no lograron encontrar la causa de su “error”. Nada lo diferenciaba de otros pacientes con similar configuración, sin embargo, ellos no escuchaban el pensamiento de la gente. La teoría más aceptada era que “algo” había hecho que su oído y cerebro bioeléctricos captaran las señales eléctricas de las neuronas, pero estudios con cerebros electrónicos echaron por tierra esa hipótesis, ya que no había diferencia en la audición de ideas. Captaba señales de cerebros biológicos y bioeléctricos por igual. Con el tiempo, y sin mucho más que estudiar, los investigadores prefirieron echarle tierra al asunto y dejarlo tranquilo con su pequeño milagro.

Pero su empleador supo sacar mejor provecho. El ejército tenía muchos usos para alguien con ese don. Y así fue como aquel día llegó al anden de la estación, tratando de encontrar dentro de todos esos seres a quien estaba programado para detonar la bomba. Palabras, imágenes, sensaciones, sumadas al natural bullicio de la gente conversando no facilitaba el proceso de búsqueda.

Se paseaba entre los grupos, acercándose a los solitarios, pero nada. Ninguna palabra relacionada, ninguna imagen de muerte, fuego, explosión. Varios rezaban pero ninguno lo hacia relativo al caso. Agotado, se sentó en un banco vacío al lado de una pareja que se besaba como si estuvieran solos. Sonrió al escuchar los pensamientos de los dos enamorados, con sendas imágenes mentales. En la otra esquina del banco, vió aun taciturno hombre con la mirada perdida en el infinito. Se inclinó tratando de captar alguna señal, pero fue en vano. El tipo seguía con la mirada fija, pestañeando de vez en cuando. Le pareció extraño. En los 5 años que llevaba con sus implantes, nadie había logrado esconderle sus pensamientos. Recordaba un yogi de algún lugar de Asia que en estado de trance y profunda meditación había logrado bajar el volumen de los pensamientos, haciendo difícil oírlos, pero no imposible.

Se levantó y caminó frente al individuo. Se puso detrás y acercó su cabeza a la de él. Nada. El hombre estaba en blanco. Se alejó un poco sin emitir ruidos y al hacerlo notó una extensa cicatriz similar a la suya dibujarse bajo el corto pelo. ¿Tenía el hombre implantes cerebrales bioeléctricos como los de él? Y si era así, ¿por qué no podía escucharlos?

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